JOHN FOSTER
—¿Por qué tantos estudios? —pregunté harto mientras me abrochaba el pantalón. De pronto Rita levantó la mirada de su tabla y cada palabra en la que había pensado se le evaporó de la cabeza al revisar mi torso desnudo—. ¿Algún problema, doctora?
No pude evitar sonreír, divertido. Aunque la consideraba mi amiga, era obvio que los instintos primarios de reproducción estaban ahí y era gracioso verla con la guardia baja. Sus mejillas se enrojecieron y desvió la mirada para poder desce