Las ganas de poner los ojos en blanco de nuevo eran fuertes. Era muy controlador, y ni siquiera era gracioso. Odiaba que me hubiera obligado a ceder el control sobre todas las cosas que haríamos juntos.
¿Qué derecho tenía?
Ni siquiera me dio la oportunidad de pensar en lo que le diría. En un movimiento rápido, me jaló sobre su regazo. Quedé tendida sobre él de tal manera que mi cabeza colgaba, y tenía acceso perfecto a mi trasero.
Me subió la falda hasta la cintura, e intenté resistirme, pero e