Me quedé mirando los ascensores subir como una cuenta atrás hacia mi perdición, o tal vez hacia mi orgasmo.
Mis muslos se apretaron por instinto, un intento inútil de calmar el latido de mi coño solo con el recuerdo.
Joder. Me he vuelto adicta a él.
Nadie me había prestado atención de esa manera nunca, nadie. Ni una sola vez.
Y sé que solo está haciendo su trabajo, pero joder, lo hace malditamente bien.
Llegué a la recepción y la asistente que siempre me saludaba estaba allí sentada, con esa so