~ Pearl
Grité con fuerza mientras me corría, y él no dejó de follarme. Al contrario, sus movimientos se volvieron aún más frenéticos y sus embestidas más duras y profundas.
Un placer al rojo vivo quemaba mis venas, salvaje, brutal y todo lo que alguna vez había deseado.
Mis dedos de los pies se encogieron y mis dedos se clavaron en la superficie del escritorio a medida que mi orgasmo subía más y más, allá por las nubes, donde ya no sabía qué era arriba, abajo, izquierda o derecha.
Grité de