Mundo ficciónIniciar sesiónEl despacho de Salvador estaba en silencio.
Un silencio distinto al habitual. No era el silencio productivo de los documentos ordenados ni el de las decisiones ya tomadas. Era uno más denso, cargado, como si el aire mismo presintiera que algo estaba a punto de quebrarse.Salvador se detuvo frente a la puerta antes de entrar. Sabía que su padre estaba ahí dentro. La empleada había sido clara: “El señor lo está esperando”. Nada más. Ninguna explicación. Ningún matiz.






