Capítulo III - Vanesa
Despierto en el hospital. Estoy recostada en una cama con una vía en el brazo y un monitor que registra mis signos vitales. Mimi, una de las enfermeras del turno tarde, coloca algo en el suero. Le sostengo el brazo.
—Llama al doctor Romero, por favor.
Intento moverme sin éxito, mi cuerpo está débil.
—Lo siento, doctora González. El doctor Romero está con licencia. Vino temprano a buscar unos papeles, pero recién se fue.
Responde, y con un gesto sutil me señala la puerta. H