Mundo ficciónIniciar sesiónDespués que ellos se van, la cosa está picante; hay mucho macho en la vuelta.
—Sergio, ahora mismo me explicás qué está pasando —dice el padre de Paula, enojado. Huy, la cosa está potente. Sergio le explica con calma que Giovanni es un lobo, que es el Alfa de la manada y que la mayoría de la barra decidió ser lobo como ella; ah, también le explica lo de los mates. —¿Me estás diciendo que mi hija no es humana y que Giovanni se transforma en lobo como la leyenda de los lobizones en Uruguay? —le pregunta el padre de Paula. —Sí, básicamente es eso —dice serio Sergio. —Tranqui, su hija es la misma, solo que con orejas y cola —suelta Valeria. —¿En algún momento te podés callar, Vale? Te amo, pero el horno no está para bollos —le digo molesta. Los padres de Paula todavía lo están procesando. Pobres, nosotros ya estamos acostumbrados a los gruñidos y a la testosterona en abundancia. —Están cansados y el viaje fue largo, ¿por qué no van a descansar? Los niños también —sugiere Sergio. —Tenés razón, necesito descansar para pensar mejor. Vamos, niños, dejemos a la barra sola —dice la madre de Paula. —Yo no quiero ir —protesta el sobrino más grande. —Andá, hacéle caso a tu abuela y después volvés —le dice Esteban. —Sí, después jugamos una partida. Voy, tío —le responde él. —Dale, sí, pesado —le contesta Esteban. —Gordo, después no te quejes; la última vez casi te ponés a llorar porque te ganó en un juego y tuve que consolarte —le digo divertida. El tal Enzo me mira enojado. Ese día Esteban hizo un escándalo porque no podía creer que el gurí le ganó. —Entonces hoy pierdo por gusto... si me volvés a consolar así, una tarde de dupla y tu comida es lo mejor que hay —me dice emocionado. —Jajajaja, me lo pienso —le digo haciéndome la difícil. —Ni vos te lo creés, Sofí. Es obvio que le vas a decir que sí —dice Camila deschabándome. Yo solo sonrío. Al final los padres de Paula y los niños se van. En eso entra un hombre; tiene un parecido con Lorenzo, debe ser su hermano. —Hola, chicos, bienvenidos nuevamente. ¿Dónde están Giovanni y Paula? —pregunta. —Se fueron a que Paula descanse —le contesta Sergio. —Entiendo. Así que esta es la famosa barra completa. Entonces la que está con Diego es Camila, la que está con el americano es Romina, la esposa de Javier, y la que está con él es Valeria —enumera. —Y vos debés ser el hermano de Lorenzo. Estás bueno, pero tu hermano te ganó —le suelta Valeria. —Por una vez en la vida, ¿te podés callar? James, llevátela, no sé... cerrále la boca de un beso. Sos una desubicada, el tipo está casado y con hijos y vos le decís eso, respetá un poco —le digo enojada. —Tenían razón, esta mujer es peor que mi hermana. Y tú debes ser la dulce Sofía —me dice él, y el otro idiota le gruñe. —La misma que viste y calza, un placer —le digo amable. —Paula tiene razón, se te nota que eres tranquila —me dice el que creo que se llama Marco. —Mientras duerma ocho horas, es muy tranquila y tierna —acota Esteban. Tarado. —Esteban, tu habitación es la misma y la de ella está al lado —les explica Marco. —Gracias —le dice Esteban. —Ya que la Luna está cansada y el Alfa no está, me retiro —dice él. Está por darse la vuelta cuando esta habla: —Mi hermana, como siempre, haciéndose la víctima... como con Rodri... —empieza Flavia. Me levanto como un resorte para tirármele arriba, pero alguien me sujeta de atrás. —Gorda, dejála —me dice Esteban. —¡Dejála nada! Esta estúpida me tiene harta. No sabe nada, siempre hablando mal de la Petí. Intento zafarme cuando Matías se me para enfrente. —Sofí, te entiendo, pero pegarle no arregla nada —me dice Matías. Intento zafarme de los dos; le voy a dar la paliza que le faltó de chica. —No me digas eso, que sabés que ella se lo anda buscando. Además, si no soy yo, son las demás, y las gurisas son lobas, la van a matar. ¡Esto se arregla entre humanas! —le digo furiosa mientras sigo forcejeando. —En estos momentos creo que le podés hacer más daño vos que nosotras. Cuando estás así sos como la Petí o peor —dice Carolina. En eso me agarra de la cintura Sergio, tratando de controlarme porque casi me les zafo a Esteban y a Matías. —Sofí, no vale la pena. Lo sabés, pegarle solo va a hacerte quedar mal a vos —me intenta convencer Sergio. —¡Me importa tres carajos! Flavia está de viva. Como a ella le fue mal, quiere lo mismo para la Petí. Me tiene re podrida; ella defiende a su amiguito, pero se olvida que él se fue con su ex de joda —le digo enojada. —Ah, sí, y... —dice Flavia. —¡Lo decís y te bajo todos los dientes! Mirá que no siempre va a estar Sergio para defenderte —le grito. —Gorda, no vale la pena. Vos y la Petí son mucho para ella, solo está celosa. Dale, la Petí está embarazada, sabés que está sensible y se va a poner triste. Vos no sos así, dejálo por quien viene —me dice Esteban. Me calmo. Tiene razón, yo soy mejor que ella. —Está bien. Pero Flavia, no te confíes; tengo paciencia, pero también se me agota, y hace años que te aguanto —le advierto. Termino de calmarme y ellos me sueltan. Me siento con cara de pocos amigos. —Wow... y yo pensando que nuestra Luna es brava. Sofí, eres como el ojo de una tormenta —dice divertido Marco. —Perdón, no suelo ser así. Es solo que ciertas personas sacan lo peor de mí —le digo como disculpa. —No te preocupes, pequeña. Está bien que defiendas a los que quieres —me dice Donatella, la madre de Enzo. —En serio, disculpe. Yo no soy así, pero me molesta que ella sea así con su hermana, la cual siempre la ayudó y ella solo la critica. ¿Cómo se llama? No me gustaría llamarla la "tía de Giovanni" siempre —le digo sincera. —Donatella, cara (querida) —me responde ella. —Un placer, Donatella —le digo cortés. —Dile suegra, no es necesario que le digas su nombre —interviene Enzo. Lo miro enojada por un segundo y después dejo de mirarlo. Se nota que no está entendiendo que estoy enojada. Esteban me pasa la mano por la espalda tratando de calmarme. —Bueno, ya que no está la Petí, te llegó el momento de ponerte, Sofí —me dice Javier. Necesito distraerme para sacarme la bronca. Miro a las chicas con cara pícara y empezamos: —Porque me quedo muda prendida en tu mirada, porque todo es lejano porque sin ti ya no hay más nada, porque no existen hadas, ni príncipes ni sueños porque todo es mentira porque sin ti... —me quedo en silencio de golpe. —...ya no hay más vida —terminan las chicas sin darse cuenta. Y pensar que si no fuera por el gordo hubiera sido una realidad. No lo amo y realmente ya no me duele, pero el recuerdo es difícil a veces. —Déjense de joder con Floricienta —dice Diego enojado. —Dale, Sofí, bajá de la nube y cantá algo decente —me pide Esteban. Lo miro, él empieza los acordes de My Happy Ending de Avril Lavigne. Le sonrío y la canto sintiendo la letra. Realmente él fue eso; mi final feliz fue darme cuenta de quién era él realmente.






