Un mes pasó más rapido de lo que hubieran querido, las dinamicas se habian establecido y las rutinas eran las mismas cada día.
Desayunaban juntos, él la iba a dejar al colegio, ella volvía caminando y finalmente en la noche cenaban.
Los distanciamientos se habian terminado, la conexión de su vínculo era cada vez más fuerte y más aún porque la mayoría de edad de Amelia estaba a la vuelta de la esquina.
Quedaban exactamente 30 días y ambos estaban igual de nerviosos por aquello, porque pese a que ahora llevaban una rutina y vivían juntos por razones totalmente ajenas a su vínculo, una vez que la esencia de ella madurara y se dejará ver todo sería completamente distinto.
–¿Tienes pensado qué hacer para tu cumpleaños? –James preguntó mientras cenaban ese día.
Amelia dejó de comer para alzar la vista y verlo, cayendo en cuenta que ya faltaba solo un mes.
–La verdad no –admitió–. Lo habia olvidado por completo.
–¿Cómo podrias olvidar tu mayoria de edad? –rió James consciente de lo olvida