Adriana Jensen
•
Entendí por qué Charlotte reservó una sala privada en un restaurante, porque en el segundo en que el mesero me llevó allí, todas empezaron a chillar.
No pude evitar chillar también. Solo había pasado un mes desde la última vez que nos vimos, pero parecía una eternidad.
—Dios mío, Adriana, te ves tan bien —Charlotte se derritió, poniéndose de pie para estrangularme con un abrazo—. Ha pasado tanto tiempo desde la última vez que te vi. Te extrañé muchísimo, nena.
—Con cuidado —reí