Saint Giordano
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—¿No puedo simplemente pasar la semana contigo? —Adriana hizo un puchero. Cuando despertó esta mañana, había dejado atrás lo que pasó con el hombre en el restaurante y volvía a ser ella misma. Me alegraba eso, pero el hombre aún tenía que pagar las consecuencias.
—Eres mi mayor distracción —señalé.
Ni siquiera pudo contradecirme porque sabía que tenía razón. Estaba decidida a distraerme y lo hacía a propósito.
—Bueno, no tengo que irme tan temprano. Ni siquiera es de noche toda