Pero sus intentos fueron inútiles; yo aún tenía la ventaja.
Después de que se les pasó el shock inicial, los otros también se lanzaron contra mí, tratando de quitarme de encima de su supuesto líder. Con la ayuda de Tabby, logramos tirarlos a todos al suelo, jadeando por aire y suplicándonos que paráramos.
—Ríndanse —dijo Tabby, con los ojos oscuros de furia—. Y tal vez los dejemos vivir —agregó con una sonrisa burlona.
—Nos... nos rendimos —dijo la chica, con el cuerpo temblando. Tabby logró rom