—Sí —respondo, observando su reacción—. Tenía pensado pasar a despedirme de ti.
—Ya veo —musita, girando su rostro y observando el paisaje.
Cuando llegamos a su casa bajamos del auto y una vez adentro me quedo de pie sin saber qué hacer.
—¿Está todo bien? —nos cuestiona mi abuelo, alternando su mirada entre uno y otro.
—Sí, todo bien —corrobora Arlette, aun sin mirarme a la cara.
—Creo que de momento es mejor que se muden a otra casa…
—¡No! Aquí estamos bien —le asegura Arlette.
—De acuerdo, y