—¡Vaya, qué escena tan encantadora!—interrumpió una voz odiosamente familiar. Cuando Sarah volvió la cabeza hacia la puerta de entrada, vio a su esposo esbozar una sonrisa maliciosa, pero al mismo tiempo una mirada que irradiaba rabia.
—¿Qué sucede?—`pregunto Alek desde el otro lado del auricular, pero Sarah no respondió estaba completamente paralizada, pero lo peor fue cuando él caminó a zancadas acortando la distancia que había entre los dos.
De pronto él le arrebato el teléfono de las manos