Doina era mujer rechoncha, amable muy servicial con Sarah, por lo que a ella no le costó adaptarse a su presencia en la pequeña casa de campo que costaba de dos habitaciones, dos baños, una cocina, un comedor, una sala de estar y dos patios, unos trasero y uno con un hermoso jardín que daba hacia la acera.
Ya casi se cumplían tres semanas desde la última vez que había visto a su esposo y desde entonces no tenían ninguna noticia de él, aunque no estaba segura si eso era bueno o malo. Todos los d