La puerta nos conduce a una zona minera, una cantera donde se encuentran remolques de carga colgantes. En ellos hay carbón, pero la maquinaria qué conduce los remolques esta apagada y parece que ha estado apagada bastante tiempo.
A la distancia observamos a varios hombres vigilando un camino, estos al igual que todo el mundo en ese sitio, se notan extraños, con la mirada perdida, pero atentos a su objetivo.
—Quédate aquí—me ordena, pero no me siento bien con su petición, así que niego con la ca