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LAS CAMAS ahora crujían, el sonido de "creak creak" entrelazado con sus gemidos y el azote de sus pieles era lo que llenaba la habitación.
—Urghhhh —esa era Rico. Estaba de rodillas en la cama, con las manos apoyadas a los lados y su trasero redondo hacia Kaylan, quien todavía no se había cansado de embestir.
—Me corro... nena, me corro —dijo él. Tenía los ojos cerrados y los dientes apretados mientras daba una última estocada y luego se salía, derramando el contenido en el suelo desordenado.