Mía no podía creer lo que estaba escuchando, todo aquello le parecía una mala broma.
—No es gracioso Ahmed.
—No estoy bromeando Mía, yo no deseo casarme con Aracha y tú no quieres casarte con Carlo, piénsalo bien, te dejaré sola para que estés tranquila y así puedas tomar una buena decisión, mañana vendré para que me des tu respuesta.
Mía no contestó, estaba completamente sorprendida, había estado conviviendo con el hombre al que le entregó su primera vez, sintió una gran vergüenza, por otro la