Carlo sonrió al escuchar a Fahriye, por supuesto que le encantaría estar cerca de ella todo el día, de eso no tenía la menor duda.
—Por supuesto que no, tu puesto sigue ahí.
Pues estoy más que lista, después de desayunar podremos irnos.
Farh comió con ánimo, Carlo la observaba discretamente de vez en cuando, se alegraba de ver que ya no estaba triste, o al menos disimulaba bien no estarlo.
Después de desayunar, salieron hacia el corporativo, viajaron en silencio, al llegar, Farh lo pensó un mom