Mikhail Romanov
Ginevra se había tomado todo el tiempo del mundo para confesar su embarazo y finalmente lo hizo cuando tenía cinco meses de embarazo.
Ver a mi pequeño en aquella pantalla, creciendo fuerte y sano en su vientre haría que cualquier hombre llorara y debo admitir que lo hice, las lágrimas descendieron imparables por mis mejillas mientras observaba con una sonrisa al pequeño que estaba creciendo en su interior, a nuestro pequeño.
La consentía cada día y cada vez estábamos más unido