JANE
Marius me miraba conmocionado por lo que estaba diciendo y, cuanto más su expresión se suavizaba y lo veía quedarse pensativo, sopesando cada palabra que había dicho, más comenzaba a creer que tenía razón.
No estaba delirando por el repentino dolor de cabeza, y empecé a creer que esos dolores de cabeza podrían ser la propia diosa Selene intentando advertirme que era un error que lo mataran.
—Jane, sé que quieres encontrar a tu padre, pero no tenemos ninguna prueba de eso. Él todavía es el