LÚCIA
No fue el sonido de la tormenta lo que me despertó, sino los pasos del macho borracho que empujó la puerta de mi habitación.
El macho olía a alcohol y sus ojos estaban inyectados de furia. Sus ropas estaban arrugadas y su cabello desordenado. Había dormido en el sofá la noche anterior mientras bebía su última botella de whisky. Miré el despertador a mi lado, que me había fallado. Se suponía que debía despertarme para que pudiera salir a trabajar antes de que él me despertara...
Mi padre s