Cuando dije aquello de apostar la habitación, vi cómo la expresión de los tres machos cambiaba. Tristan me miró como si estuviera loca y Marius frunció el ceño, porque los machos como ellos eran así: no veían otra manera de resolver sus conflictos que no fuera mediante la violencia.
El macho desconocido que deseaba la habitación se aclaró la garganta y yo añadí:
—Una apuesta entre nosotros, una especie de carrera. Será algo rápido y no quedarán dudas sobre quién ganará. Y estoy segura de que la