Horatio dejó de escuchar lo que Itala estaba diciendo cuando Isla entró en la sala. Ella estaba espléndida. El vestido que llevaba puesto se amoldaba a su figura dejando en evidencia cada una de sus curvas y realzaba su belleza. Su cabello caía en una cascada de ondas y se imaginó como se vería desparramado sobre su cama mientras le hacía el amor.
No continuó con esa línea de pensamientos para evitarse un vergonzoso problema.
—¿Qué tal me veo? —preguntó Isla.
Horatio se levantó del sillón y c