XXIV.

Se dirigía a su habitación luego de darse un refrescante baño, con prisa pues el reloj marcaba un cuarto para las siete de la mañana, por lo visto su ducha se había extendido más de lo pensado.

Desde abajo la pequeña Angie le gritaba cuan tarde llegaría al trabajo, por suerte el desayuno ya estaba servido. La jovencita soltaba regaños pues la comida se le enfriaría en la mesa, como pudo, se vistió

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