La iglesia estaba iluminada con la luz cálida del atardecer, y las flores blancas y doradas decoraban cada rincón. Verónica, tomada del brazo de su hija Carolina, caminaba por el pasillo con una sonrisa que reflejaba años de lucha, sacrificios y sueños finalmente realizados. Emanuel la esperaba al final del altar, con una mirada que desbordaba amor y admiración.
Carolina, sosteniendo con fuerza la mano de su madre, sentía el peso del momento. Verónica había luchado tanto para llegar a este dí