Capítulo 47

Al despertar, aún se encontraba en el suelo del cuarto donde apilaban a los cadáveres. Estaba desnuda y sin ningún tipo de dolor físico, pero el sufrimiento que experimentaba en su alma la tenía derrotada.

Pasó horas acostada boca arriba, con la mirada fija en el techo y las lágrimas corriéndole copiosas por las sienes.

Comenzaba a cansarse de ser siempre la perdedora, a la que manipulaban y le arrancaban sin clemencia partes de sí.

La que debía donar cada gota de su sangre sin oponer resistenc
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