Francis le dio un suave beso en los labios a Kimberley, y luego caminó en dirección al cuarto de baño de la planta en la que estaba, su prometida se cruzó de brazos y ladeó levemente hacia un lado la cabeza mientras observaba el caminar del joven.
—Soy afortunada de tenerlo —confesó, sin darse cuenta de que lo había dicho en voz alta.
—Sí lo eres. Tienes una familia preciosa, pocas veces he visto a personas tan unidas como ustedes.
—¡Gracias! —musitó un tanto avergonzada.
—Espero algún día tene