Capítulo 8.
Finalmente había perdido de su vista a ese hombre que la alteraba tanto, a pesar de no querer hacer hacerlo.
Luciana se acercó a una gran mesa que estaba decorada con unas pequeñas flores haciendo alusión a la vida misma.
En el lugar de honor de la mesa se , una mujer imponente elegante y sobre todo, poderosa.
— Buenos días —saludó Luciana a los presentes.
Aunque su mirada se dirigió específicamente a Victoria, no obtuvo respuesta alguna, al contrario solo una fría actitud de su parte.
— Bueno