No tenemos nada
Cuando salgo de la oficina, doy dos pasos y alguien me toma con fuerza de un brazo, me zamarrea y me tira contra la pared de la empresa.
Me insulta terriblemente y por la voz, aunque del susto que tenía tardé en reconocerla,
me di cuenta que era Diego.
Dejó la puerta de su auto abierta y quería que vaya con él.
Cuando miro bien, él tenía un arma en su mano, la pasó por mi cabeza y luego me apoyó el arma en mi corazón.
Pensé que podía manejar la situación al saber que era él.
No