Capítulo 53.
– Por Dios, madre, ¿te das cuenta de lo que me estás pidiendo? – preguntó con lágrimas en los ojos.
La mujer siguió fingiendo una agonía que estaba muy lejos de padecer, necesitaba llevar a cabo su mejor actuación, pues conocía el frágil corazón de su ingenua hija, y sabía perfectamente que no le costaría mucho trabajo convencerla de que se sometiera a su voluntad.
– Por favor, hija mía, no quiero partir de este mundo sin verte feliz al lado de un hombre que realmente te ame, algui