—Vaya, preciosa. ¿Me extrañaste?
La voz grave y despreocupada de Héctor se escuchaba entre la música estridente.
Todos conocían su fama de mujeriego.
Se decía que tenía incontables amantes y que cambiaba de compañía constantemente.
Con cualquier mujer se comportaba como un hombre profundamente enamorado.
Tenía una mirada capaz de hacer creer a cualquiera que solo existía ella.
Tiempo atrás, también había intentado conquistar a Camila de todas las formas posibles.
Incluso había asegurado que, si