Sin necesidad de adivinar, Ana ya más o menos sabía quién era esa "cierta persona" de la que hablaba Tadeo.
Ana preguntó directamente:
—¿También llamaste a Gabriel?
Tadeo con cara muy seria levantó la mano para jurar:
—Ana, sí llamé a Gabriel, pero al principio me rechazó, después cuando le dije que tú vendrías a recogerme, Gabriel cambió de opinión y decidió venir.
Como guardián del amor de ambos, Tadeo expresó que realmente se había roto el corazón preocupándose.
Obviamente solo faltaba una de