Fabiola ya le había advertido a Mateo más de una vez que mantuviera distancia con Isabella, pero él siempre hizo oídos sordos.
¿Ahora se arrepentía? Demasiado tarde.
Mateo bajó la cabeza, con la mirada fija en el suelo y voz profunda:
—Mamá, ya te lo dije, en mi vida solo reconoceré a Ana como mi esposa.
Su único deseo era llevar a Ana de vuelta a casa.
Pero todos decían que él había sido el infiel.
Mateo no creía que hubiera engañado a Ana. Estaba convencido de que había un malentendido, y la c