Capítulo 205
En un instante, Ana quedó cubierta por una sombra.

Levantó la cabeza.

—Señor Urquiza.

Esta posición le hacía sentir inexplicablemente presionada.

Especialmente cuando le venían a la mente ciertas imágenes indescriptibles, que hacían todo más difícil de expresar.

Como si percibiera esto, Gabriel se agachó, quedando a la altura de su cuello.

—Señorita Vargas, ¿podría ayudarme con algo?

Los ojos negros del hombre eran como remolinos profundos, capaces de absorber a cualquiera.

Ana apretó nerviosame
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