Mundo ficciónIniciar sesiónLa niña me acaricia el cabello, consolándome.
Estoy sentada con las rodillas a la altura de mi pecho y el rostro en el vértice de estas, echa un desastre. La blancura del entorno no me da pánico, si no tranquilidad extenuante.
Se inclina para buscar mi rostro. Sus ojos, tan iguales a los míos, me sonríen.
—Conecto momentos para hallar respuestas —moqueo—. Y esos recuerdos difuminados poco a poco toman fuerza. &iq







