Salvada por el jefe de la mafia.
Salvada por el jefe de la mafia.
Por: Vox Cor
Mucho más doloroso.

Corinne.

Al sentir que termina dentro de mí, controlo el impulso de vomitar. Brody junta su frente contra la mía, jadeando, sudando, y cuando abre la boca para hablarme, su aliento me revuelve más el estómago.

—Buena chica, como siempre.

Intento darle una sonrisa, pero sé que solo sale una mueca. Él se la cree. Se retira de mi interior sin cuidado, me duele, aunque no debería quejarme ya que al menos este hombre de noventa kilos es más delicado que los demás.

Quiero moverme, poner una pose casual, pero mi cuerpo no responde. Hoy estoy cumpliendo dos años en este lugar; atrapada en la vida que me ofrece Jackson, un traficante de droga, para sobrevivir.

Brody se pone la ropa, yo no aparto los ojos de él y este baja la mirada. Siempre me pregunto si alguno de los hombres de Jackson ve el dolor en mis ojos, si acaso saben que lo hacen está mal, pero yo… Yo solo permito que suceda porque no tengo otra salida, y porque aprendí que resistirme es mucho más doloroso.

Puedes estar bajo la protección de Jackson si cumples con sus órdenes, y si te portas bien eres recompensada. Tengo un montón de cosas materiales en esta habitación que sinceramente no uso, pero al menos me recuerda que estando sola en la calle, no podría conseguirlo.

El hombre de turno se va, y finalmente me obligo a ponerme de pie. Camino con cautela hacia el baño, y al verme en el espejo noto todas las marcas. Los hombres de Jackson son en su mayoría pesados, y yo solo tengo unos cincuenta y cinco kilos. Desviando la vista del espejo, me adentro a la tina. Allí duro todo el tiempo que puedo, pensando en lo que estaba haciendo hace dos años cuando Jackson me salvó.

Siempre viví una vida de abuso verbal en mi familia, además de precariedades. Soy una de las menores de siete hermanas, y supongo que papá me trataba peor que a las demás porque los doctores estaban completamente seguros de que yo era un varón, hasta que nací.

El odio de mi padre nunca había pasado a lo físico, hasta que un día, en uno de sus tratos con Jackson para que mi hermana mayor fuera su mula, ocurrió.

Mi hermana estaba aterrada, ya había sido mula antes y no quería volver a pasar por eso, yo me ofrecí, pero mi padre me tachó de inservible. Al ver el estado de mi hermana, insistí, pero él me abofeteó haciéndome caer al suelo, delante de Jackson.

Sentí mi sangre hervir, le tenía miedo a mi padre pero ya estaba cansada, así que intenté levantarme, y fue allí cuando por primera vez, me golpeó, tan fuerte que perdí el conocimiento mientras veía a Jackson negar con la cabeza, tal vez compadecido.

Amanecí aquí. Jackson me dijo que había hecho un trato con mi padre, yo sería su mula en cuanto me recuperara, y además, me quedaría con él.

Jackson prometió que nunca me gritaría ni golpearía, no a menos que pudiera colaborar con él, y con sus hombres…

Sentí que salía del apocalipsis para meterme en el infierno.

Ahora, vestida y peinada, salgo de la habitación de la gran mansión en la que vivimos.

Veo a otras chicas bajo su protección saliendo también, pero no nos damos una sonrisa. Ni siquiera somos amigas. Siento que todas están aquí intentando ser mejor que la otra cuando yo lo único que quiero es huir.

Bajamos a la mesa, donde Jackson nos espera. El desayuno y la cena son sagrados para él, pues solo lo comparte con nosotras, así elige con cuál de todas nosotras quiere dormir esta noche. Generalmente no escoge a alguna que haya estado de turno con uno de sus hombres, al menos es considerado con eso.

—Corinne, ese corte de cabello, ya está como aburrido, ¿no?

Me llevo una mano a mi cabello negro y con ondas, me llega hasta la cintura. Quiero negar, pero no hago nada. No es como si tuviera elección.

—Sí…

—Nancy, creo que podrías ayudarla con eso, ¿sí?

La chica a mi lado me da una mirada rápida. Es nueva. Llegó la semana pasada, y creo que anoche u esta tarde finalmente estuvo con uno de los hombres de Jackson; puedo verlo en sus ojos y en el temblor de sus manos.

Jackson dice que esta madrugada hará una entrega grande, y necesita que una chica vaya con él, pero ninguna se ofrece, lo cual me sorprende. Alzo la mirada, observando a cada una, y apenas noto sus ojeras; parece que fui la única que tuvo algo de suerte con Brody.

Jackson fija la vista en la chica nueva, y veo cómo la respiración de esta se acelera.

Me hace recordar a mi hermana.

Sin pensarlo demasiado, alzo la mano.

—Puedo ir contigo, si quieres.

Jackson me sonríe ampliamente, con orgullo.

—Claro, después de que Nancy haga tu corte de cabello.

Los nervios se instalan en mi estómago. La verdad es que no es la primera vez que lo acompaño. Estas entregas son rápidas, yo solo voy en la camioneta en el asiento del copiloto por si algún oficial o vigilante de alguna área no quiere dejarlo pasar. Así que solo me encargo de convencerlo o convencerlos…

Después de la cena, Brody nos lleva a Nancy y a mí hasta mi habitación. Y en cuanto la puerta se cierra, la chica se queda congelada, observando mis peluches, mi gran cama morada, televisor, aire acondicionado, e incluso mi propia nevera.

Seguro que su habitación solo tiene una colchoneta y un ventilador.

—Si te portas bien, puedes tener esto también —comento.

Ella me mira, como si apenas se diera cuenta que estoy aquí. Sus ojos se llenan de lágrimas, estas salen pero las limpia rápidamente. Intento acercarme para consolarla pero ella se aleja, como si fuera un tiburón a punto de devorarla.

Suspiro.

Busco las tijeras en mi peinadora, me siento sin verme al espejo, y se las entrego. Ella las toma, vacilante.

El silencio pesa con nuestra falta de interacción.

—Lávate con agua tibia… Te daré un frasco de lubricante para que se te haga más fácil la próxima vez —comento.

Las tijeras resbalan de sus manos porque caen al suelo, y luego, escucho su sollozo. Me giro rápidamente y la veo caminar hacia atrás, con las manos en la boca. Se tropieza con mi cama y se sienta.

Tiembla. Y está ahogada en su lamento.

Mi corazón se remueve.

Ella era virgen.

Como yo al llegar aquí.

Cuando llega la hora de irnos, tengo mi nuevo corte de cabello. Llega por encima de mis hombros y he logrado hacerme una especie de trenza para dejarlo suelto sin ser escandaloso. Jackson se sorprende al verme, comenta que me veo joven.

Como si no lo fuera.

Subimos a la camioneta, solo él y yo, sus hombres nos siguen en otras camionetas detrás.

Jackson posa una mano en mi rodilla desnuda gracias a mi vestido suelto.

—Hace dos años que estás conmigo, Corinne. Has sido buena.

No sé cómo responder a eso. A veces me asusta su forma tan natural de hablarme.

—Gracias…

—¿Por qué?

Paso la lengua por mis labios, inquieta.

—Por… protegerme.

Él sonríe con esa mirada que indica hambre. Su mano se escurre por debajo de mi vestido y me hace abrir las piernas. Me paralizo un momento, hasta que él aprieta mi muslo. Lo dejo tocarme hasta que mi cuerpo termina convulsionando por mero contacto, no porque realmente lo disfrute.

Se limpia la mano con mi vestido y sonríe como si nada. Yo solo recuesto la cabeza de la ventana, sin poder evitar que una lágrima se me escurra.

Nunca me fuerzan. No desde que aprendí a ceder.

Pero ceder también tiene un precio, pues el dolor en mi pecho nunca se va. Y me pregunto si algún día dejaré de sentirlo.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
capítulo anteriorcapítulo siguiente
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP