Capítulo 73. Deseo prohibido.
Priscila se plantó firme frente a su prima Elizabeth, con una determinación que antes no se le había visto. Con voz grave y mirada penetrante, le advirtió que ya no era la misma mujer a la que podía humillar sin más.
—Escúchame bien, Elizabeth. Ya no soy la misma a la que podías humillar cuando te apetecía. Ahora me defenderé de tus ataques.
—¿Defenderte? Por favor, Priscila. Tú te has enamorado de un simple cocinero, un muerto de hambre que no tiene ni dónde caerse muerto. ¿Crees que eso es di