Los recuerdos me erizaron cada vello de mi piel, sobre todo en mis brazos:
***
—¿Me necesitaba para algo importante, señor Richard? —pregunté en cuanto llegué a su oficina.
—Pasa, pasa, querida, ya te he dicho que te dejes de formalidades conmigo. Puedes llamarme Richard —acató.
El hombre hizo un ademán para que me acercara, lo hice con una postura firme y sin miedo, pensé que me necesitaba para ayudarlo a entregar unos documentos al ver que tenía varias carpetas sobre su escritorio. Pero, el r