Amanda veía como su pequeño admiraba el nuevo cuarto donde estaban. Ellos se habían vestido para dormir con un sencillo pijama. El de Amanda no era atractivo, lo tenía hacia mucho tiempo y la tela se veía descolorida, hasta con unos pequeños agujeritos en lugares como las axilas. El pijama de León era nuevo y abrigado. Su tela era suave y tenía varios colores que sabía que el pequeño adoraba. Ella había puesto las necesidades del niño sobre las suyas y su ropa mostraba eso con claridad.
Aquella