*Perspectiva de Dennis*
Clara estaba pegada contra su modesto sedán, su cuerpo un escudo rígido sobre Elena, quien se había vuelto a quedar dormida contra su hombro. Sus ojos, abiertos de par en par y aterrorizados, se clavaron en los míos mientras yo hacía rodar el llavero metálico entre mis nudillos.
—Aléjate de mí, Dennis —susurró, su voz una frágil hoja de afeitar cortando el silencio del sótano—. Te juro por Dios que si la tocas, voy a gritar tan fuerte que toda la ciudad me escuchará.
—No