—¿Tienes alguna idea de lo humillante que es? La voz de Elara era baja, tensa por la frustración mientras se cruzaba de brazos. —¿Estar ardiendo en celo, lo suficientemente desesperada como para insinuarte a tu propio guardaespaldas... solo para que él te rechace?
Calvin la miró, atónito. La ira en su pecho flaqueó por un momento, reemplazada por la incredulidad. —¿Silas te rechazó?
Elara se encogió de hombros con amargura, negándose a mirarlo a los ojos. —Parece estar enamorado de la hija del