Elara maldijo de inmediato, con una voz que fue un gruñido bajo y aterrador que congeló la habitación entera. Se mordió el labio inferior con tanta fuerza que apareció una gota de carmesí y, de forma inconsciente, la pura fuerza de su rabia hizo que sus feromonas de Alfa estallaran. Cuando Silas percibió el aroma, exhaló una bocanada de aire, perdiendo el control de su compostura de inmediato. El olor golpeó su sistema como un impacto físico, rugiendo a través de sus venas y exigiendo una respu