—Yo también te amo, Silas... —dijo ella, encontrando la paz en cada momento que pasaba a su lado. No pedirían nada más, solo que este instante no les fuera arrebatado.
Mientras tanto, Beatrice se volvía cada vez más desquiciada. Intentó todo lo que estaba en su poder para meter a Silas en su cama, arrojándose a él e iniciando la intimidad a cada momento, pero Silas siempre la dejaba, escabulléndose entre las sombras antes de que ella pudiera reclamarlo de verdad.
Impulsado por la promesa de un