Habían pasado algunas horas de la noche, la lluvia había parado y la luna había salido. El dormitorio de la cabaña, tenuemente iluminado por la luz de la luna, y los dos amantes yacían abrazados, ambos completamente despiertos, pero no se oía ningún sonido excepto el de sus respiraciones. Era un momento de paz, un momento que Lucas quería saborear.
La mirada de Ava se dirigió hacia su amante, en cuyos brazos yacía, besándolo a intervalos. Al instante siguiente, sus ojos captaron algo detrás de