En el hospital, siendo las tres de la madrugada, Stefan regresaba a la habitación con una café en la mano. Sería una noche larga y él tenía que soportar. Incluso si la doctora ya le había dicho lo bien que ella podría encontrarse para ese momento, él no se iba a ir, ni siquiera él podía imaginar la angustia que ella debió de sentir en el corazón tan pronto como le dijeron que el señor de la Barrera se había ido.
Ni siquiera podía pensar en que ella tuvo que haberse sentido como una basura que h