— Tardaste mucho… —se quejó Adella con voz ronca.
— Fuimos a comer algo —se excusó con una sonrisa mientras se sacaba los zapatos y se metía con ella en la cama.
— ¿Qué hora es? —preguntó ella haciéndole espacio.
— Las doce con diez —respondió mirando su reloj para luego abrazarla y cerrar los ojos un instante.
— Tenía planeado llevarte a un lugar —murmuró ella acariciándole la espalda. Eso de alguna forma le gustaba, lo relajaba.
— ¿Q