Tim le pasó el teléfono, visiblemente frustrado porque las cosas habían salido mal.
—¡Qué pesados sois los dos! —gritó antes de correr a su habitación.
Katherine se cubrió la cara con las manos, confundida por lo que sentía. No sabía si estaba más enfadada con Tim por ser tan malcriado o aliviada de que estuviera de vuelta en casa sano y salvo. Suspiró y entonces sintió la mano de Jensen en su hombro.
—Tranquila —dijo Jensen—. No te preocupes tanto por él. Solo está haciendo de las suyas, com