—Claro que sí —dijo Jensen. Su aire de superioridad masculina le valió a Katherine un pellizco. —¡Ay, diablillo! —Se frotó el costado—. ¿Por qué hiciste eso?
—Por la igualdad —respondió Katherine.
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Jensen cargó la pila de paquetes por la sala y los dejó caer sobre el sofá. Se giró hacia Katherine.
—Ven aquí, mujer. Quiero mi beso —dijo.
Más tarde añadió—: Valió la pena la espera. ¿Te imaginas lo difícil que fue contenerme mientras te probabas la ropa? Por un momento p