Katherine sintió que el corazón se le encogía. No podía creerlo. Había vuelto a hacer el ridículo. Se había entregado a él y la había rechazado... otra vez. De verdad necesitaba que la revisaran. No entendía cómo había podido ser rechazada dos veces por el mismo tipo.
El pánico la invadió y le aceleró el corazón. Luchó por controlar la emoción que la atormentaba. Encontró su vestido y se arregló la ropa a toda prisa.
Pero todo estaba bien, pensó. No iba a derrumbarse, ni a lamentarse, ni a senti