—Oh —dijo Jensen—. Tengo que decir que me alegra mucho que me hayas contado esto. Es difícil creer lo rápido que has crecido. O sea, hubo un tiempo en que solo te importaban los videojuegos, pero ahora estás aquí, con problemas de chicas.
Tim sonrió. —No me tomes el pelo, papá —dijo.
—No lo hago. No lo hago —dijo Jensen, levantando las manos—. Y tengo que decir que, en mi época, ninguna chica me rechazó. No es por presumir.
Tim puso los ojos en blanco y sonrió. —Presumido —dijo, y Jensen se rió